Es azul, es sólido y tiene seguidores en medio mundo. Así se elabora The Blue Cocoon el bálsamo azul más copiado de la industria cosmética, y por qué se convirtió en un producto de culto.
Una flor amarilla que se vuelve azul
Todo empieza con una pequeña planta que crece en el norte de África: el tanaceto azul. Lo curioso es que sus flores son amarillas. El azul aparece después, durante la destilación al vapor, cuando se libera un compuesto llamado tanazuleno —el responsable de ese color intenso e inconfundible.
No es solo estética. El tanaceto azul se ha convertido en uno de los ingredientes más apreciados para pieles sensibles por sus propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y calmantes, especialmente frente al enrojecimiento y la irritación.
El color azul no se añade: aparece al destilar la flor.
Lo que lo acompaña
A partir de ahí, May Lindstrom construye una fórmula que no se parece a nada: manteca de cacao cruda de Ghana, vainilla de Madagascar, incienso, mirra y aceites vegetales prensados en frío. Sin agua y sin ceras, todo concentrado, nutritivo y profundamente sensorial.
El momento en que se funde
A simple vista parece un bálsamo sólido. Pero al entrar en contacto con la piel empieza a fundirse lentamente hasta transformarse en un aceite sedoso. Y basta una cantidad del tamaño de un grano de arroz, así que cada frasco dura una media de diez meses.
Entra como bálsamo y se queda como aceite.
Por qué es un producto de culto
Se elabora en lotes pequeños, para preservar la calidad de los ingredientes y mantener intactas sus propiedades. Pero lo que realmente lo ha convertido en objeto de culto es su capacidad de reconfortar la piel cuando está sensibilizada: rojeces, irritación, descamación, acné, rosácea o psoriasis. También funciona en labios secos y en el contorno de ojos cuando hay signos de fatiga.
Ahora ya sabes por qué tiene tantos seguidores en todo el mundo. Si todavía no lo has probado, The Blue Cocoon está disponible en exclusiva en jcApotecari.